Pasajeros del Titanic #1: Molly Brown

Conocemos de sobra las historias que se cuentan sobre el naufragio del transatlántico más famoso de todos los tiempos, pero detrás de todas esas personas que lo vivieron en primera persona hay historias apasionantes.

Esta pretende ser la primera entrega de una serie de posts dedicada a conocer la vida de algunas de estas personas.

 

Os presento a Margaret Brown, más conocida como Molly Brown o “la insumergible Molly Brown” y esta es una pequeña parte de su historia…

Margaret nació en Hannibal, Missouri, Estados Unidos en 1867, en el seno de una familia humilde, católica de origen irlandés y tenía cinco hermanos. Estaba muy unida a su familia. Desde muy joven trabajó para ayudar a su familia en una fábrica tabacalera. Allí conoció el trabajo duro, las largas jornadas laborales, los bajos salarios y la lucha de la clase obrera. Desarrolló así un gran sentimiento de solidaridad con este colectivo del que formaba parte.

Molly siguió por carta los pasos de unos familiares que emigraron al Oeste en busca de prosperidad. Al ver las limitadas posibilidades que tenía a su alcance, al cumplir diecinueve años vio oportunidades de prosperar en el Oeste, durante “la fiebre del oro”. Ella y uno de sus hermanos se desplazaron allí y buscaron un empleo. Él encontró un trabajo como minero y ella en una tienda de alfombras, dónde era muy querida y apreciada por todos.

Allí probablemente conoció al que más tarde se convertiría en su marido, James Joseph Brown, un exitoso gerente de minas, cuando este tenia 32 años. La pareja pronto se enamoró, y más tarde, en 1886, se casaron. JJ lideraba un negocio prospero que más tarde le convertiría en uno de los hombres más ricos de la historia de la minería. Poco después de casarse tuvieron dos hijos: Lawrence y Catherine Helen, disfrutando de una vida cómoda de clase media.

En 1893 sus vidas dieron un vuelco. La plata dejó de ser el estandar del dinero en Estados Unidos, por lo que dejó de existir una demanda y la industria minera de la plata se hundió, lo que provocó una depresión económica y los mineros se fueron al paro de la noche a la mañana. El estándar de plata pasó a ser de oro y justo en esa época, JJ descubrió una mina de oro, lo que conviertió a la familia en millonarios.

Compraron una gran casa victoriana en Denver, apodada como la “casa de los leones” que actualmente es un museo.

A partir de ese momento Molly empezó a viajar por el mundo, a leer sin parar y adquirir cultura. Durante sus viajes, poco a poco se introdujo en la alta sociedad europea. A pesar de ser un “nueva rica”, gracias a su carisma también se hizo un hueco en la alta sociedad de Nueva York. En verano solía alquilar una casa en la playa, dónde a menudo coincidía con familias como los Vanderbilt o los Astor. No obstante, el único circulo social que no la aceptó fue el de “los sagrados 36”, liderado por la Señora Crawford, al no considerarla una recatada dama victoriana.

Estaba muy interesada en la moda y tenia un estilo peculiar. Solía hacer encargos a los mejores diseñadores del mundo y sabía perfectamente como llamar la atención para conseguir sus objetivos.

Realmente adoraba a sus hijos, era una madre muy divertida y su educación siempre fue muy importante para ella, por lo que cuando tuvieron la edad adecuada, los mandó a un internado.

Poco a poco, el exceso de trabajo de JJ y las múltiples diferencias en la forma de pensar acabaron distanciando al matrimonio, que en 1909 se separó, no llegando nunca a divorciarse puesto que su gran fe en el catolicismo se lo impedía. Ello hizo también que la relación con sus hijos se complicara.

Durante uno de sus viajes por Europa, Molly recibió la noticia de que su nieto estaba enfermo, por lo que acortó su viaje y obtuvo un pasaje en primera clase en el viaje inaugural del transatlántico RMS Titanic. Cuando éste chocó contra el iceberg, Molly subió inmediatamente a cubierta en bus

ca de noticias. Al enterarse de lo sucedido, Molly volvió a su camarote y se puso toda la ropa de abrigo que pudo. Era una noche muy fría y las mujeres estaban muy asustadas. Molly se embarcó en uno de los primeros botes, el número 6. El miembro de la tripulación al mando del bote era un hombre maleducado y basto que actuó de una forma ineficiente y desagradable. No dejaba de protestar y repetir “¡estamos condenados!”. Ante esta actitud, Molly se enfadó mucho y quiso asumir el mando del bote cogiendo los remos e invitando a las otras mujeres a remar. Remaron en la oscuridad durante horas, con el mar en calma, en una

escalofriante oscuridad.

Molly fue una de los 705 supervivientes del naufragio, que fueron recogidos al amanecer por el buque Carpathia. Mas tarde y gracias a ella, se recaudaron 5.000 dólares para ayudar a los desvalidos. Antes de regresar a Nueva York pudo recaudar otros 5.000 dólares más para ayudar a la tripulación en agradecimiento por sus esfuerzos.

Ella misma nunca se vio como a una heroína, incluso le pesaba no haber podido ayudar a más gente. La prensa empezó a penrseguirla y la apodaron como “la insumergible Molly Brown”.

Años más tarde, en 1922, Molly visitó a las víctimas en Halifax y mandó una corona de flores para cada uno de ellos. En ese momento Molly gozaba de fama mundial, algo que aprovechó para defender otras causas como los derechos de las mujeres (sufragio) o las malas condiciones de vida y trabajo de los mineros.

Ese mismo año, JJ a los 68 años de edad, falleció. A partir de ese momento, la relación con sus hijos se deterioró aún más, y la brecha entre ellos nunca se cerró. Molly murió en Nueva York a los 65 años de un ataque al corazón.

Molly será siempre recordada por el una mujer adelantada a su tiempo que luchó fieramente por los derechos de las mujeres.

Las “Casa de los leones” de Denver se convirtió en un museo en el año 1970, en ella se exhiben todos los objetos que recopiló en sus viajes por el mundo.

 

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