El conejito de Pascua y sus orígenes

Nos encontramos a escasos días de la celebración de la Pascua, una de mis festividades favoritas. Huevos de Pascua, conejitos, pollitos y colores pastel…pero, ¿cual es el origen de todos estos elementos tan típicos?

El Domingo de Pascua es una de las fiestas cristianas más sagradas y es famosa en muchas partes del mundo. Si echamos un vistazo a la Biblia veremos que se trata a este día como el día de la resurrección.

No obstante, si miramos más atrás, antes de Cristo, el conejo ya era un símbolo de fertilidad y se asociaba a la diosa fenicia Asarté. En los países anglosajones se la conocía como Easter y la Pascua se celebraba en su honor. Durante esta festividad también se celebraba el inicio de la primavera.

Mucho más tarde, en el siglo VIII los anglosajones adoptaron el nombre de Easter a la fiesta cristiana que celebra la Resureción de Jesús, adaptando el nombre de la fiesta pagana a la tradición cristina.

En el siglo XIX empezó a circular por Alemania la leyenda del conejo de Pascua: Esta leyenda cuenta la historia de un conejo que se quedó encerrado en el sepulcro junto a Jesús y presenció su resurrección. Una vez que el conejo hubo presenciado esta escena, al salir de la cueva con Jesús, se dice que fue el elegido para ser el mensajero que debía comunicar y recordar a todos los niños la buena nueva, obsequiándoles con huevos pintados. Actualmente conservamos este simbolismo gracias a los huevos de chocolate.

En la sociedad inglesa victoriana esta leyenda vino de la mano del príncipe Alberto, originario de Alemania, quién introdujo su influencia a su esposa la Reina Victoria y a Inglaterra.

 

Existe también la tradición de esconder huevos pintados en los jardines de las casas para divertir a los niños que los encuentran. Esta costumbre se sigue manteniendo en muchos países, pero, como todo, tiene un simbolismo: la persecución de Herodes a Jesús y la intervención de Dios para evitar ser encontrados.

Pero volvamos a la época victoriana. Durante ese periodo, se siguió fielmente esta tradición entre los más pequeños. Los victorianos, fieles amantes de los colores, adoptaron otras formas además del conejo, aparecieron los pollitos, las flores y adorables niños jugando con los huevos de Pascua.

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