Hay casas que parecen estar hechas para guardar secretos, para atesorar veranos interminables, para ser testigo silencioso de las vidas que pasan por ellas. Lasata, la finca estival de los Bouvier en East Hampton, es una de esas casas privilegiadas.
En su interior resonaron risas infantiles, discusiones familiares, travesuras de primos y el galopar de caballos que formaron el carácter de una de las mujeres más emblemáticas del siglo XX.

A continuación, os presento una versión ampliada, con anécdotas familiares auténticas y detalles poco conocidos, que enriquecerán la historia para vosotros, mis queridos lectores.
El Major Bouvier: un patriarca con manías encantadoras
El abuelo de Jackie, John Vernou Bouvier Jr., era un personaje digno de novela. Militar retirado, disciplinado, orgulloso hasta lo teatral y profundamente enamorado del mundo ecuestre.
Anécdotas familiares capturadas en memorias y biografías:
La rutina estricta de los caballos
Todas las mañanas, antes incluso de que los adultos se reunieran a desayunar, el Major inspeccionaba personalmente los establos. Observaba el brillo del pelaje de los caballos y, si no consideraba adecuado el cepillado, hacía repetir el trabajo desde cero.
Jackie, que lo idolatraba, lo seguía como una sombra. El apodo de Jackie: “Poodle”
El Major la llamaba cariñosamente “Poodle” (caniche), por su forma graciosa de correr por la finca con energía nerviosa. Fue un apodo familiar tan íntimo que solo se usaba en Lasata.
La idea del nombre “Lasata”
La elección del nombre no fue casual. El Major decía que, en esa casa, “incluso los árboles parecían descansar”. Quería un nombre que reflejara paz y arraigo natural, de ahí su fascinación por la palabra montaukett que inspiró Lasata.
Janet Lee Bouvier y sus “veranos perfectos”
La madre de Jackie, Janet Norton Lee, tenía obsesión por la etiqueta, los rituales sociales y la “imagen” familiar.
La moda veraniega como acto social
En Lasata, Janet organizaba cada verano un desfile improvisado con sus hijas, haciendo que Jackie y Lee posaran en la terraza con vestidos blancos recién planchados. Las fotos familiares de esos veranos están llenas de estas escenas cuidadosamente orquestadas.
Las flores del jardín: un campo de entrenamiento estético
Janet insistía en que Jackie aprendiera a reconocer las flores por su nombre — hortensias, peonías, rosas antiguas — y a componer ramilletes armónicos.
La pequeña Jackie, aunque prefería los caballos al protocolo, desarrolló un gusto exquisito que la acompañaría toda su vida de adulta.
Las dos Eadies de Grey Gardens: visitas que rompían la rutina
A apenas unos minutos de Lasata, vivían Edith Ewing Bouvier Beale y su hija “Little Edie”, futuras estrellas del documental Grey Gardens.
En los años 30, sin embargo, ambas eran parte normal de las reuniones estivales.
“Big Edie” cantando en el piano de Lasata
Big Edie, con su temperamento artístico, solía llegar sin avisar, vestida con caftanes vaporosos, y se sentaba al piano de la sala para cantar viejas canciones de salón.
Maude, la abuela de Jackie, toleraba estas escapadas musicales… siempre que terminaran antes de la hora del té.
“Little Edie” enseñando a bailar a Jackie
Little Edie —muy joven entonces— adoraba enseñar pasos de baile a Jackie y Lee. Las niñas la imitaban fascinadas, sobre todo en sus movimientos de Charleston. La pequeña Jackie nunca fue una bailarina desenvuelta, pero reía a carcajadas intentando seguir el ritmo.
Jackie y la equitación: disciplina, medallas y una caída famosa
La equitación en Lasata no era un pasatiempo: era una institución familiar.
Danceuse: su primer amor ecuestre
Danceuse, su yegua, era una mezcla de elegancia y terquedad. Jackie competía en concursos juveniles de salto y ganó varios premios locales. En una ocasión, al recibir una medalla, dijo con solemnidad infantil:
— “La merece ella, no yo.”
La caída que la cambió
A los nueve años, sufrió una caída aparatosa en el paddock de Lasata. Nada grave, pero lo suficientemente impactante como para asustar a su madre. Jackie, sin embargo, se levantó, se limpió el polvo de la ropa y volvió a montar.
Ese momento lo recordaría siempre como prueba de que “la elegancia también es mantenerse firme”.
El divorcio de sus padres: un verano distinto
El divorcio de Janet y Black Jack Bouvier, anunciado en 1940, sacudió la estabilidad de Jackie.
Ese verano en Lasata fue tenso: conversaciones en voz baja, silencios largos, adultos nerviosos. Jackie lo recordaría años después como su primer encuentro real con los problemas de los mayores.
Su refugio fue —como siempre— el establo.
¿Y JFK? La pregunta inevitable
Aunque no hay registros documentados que confirmen visitas específicas de John F. Kennedy a Lasata, sí se sabe que Jackie le habló mucho de la casa.
La confesión que Jackie le hizo a JFK
En una carta de los primeros años de su relación (citada en biografías), Jackie le dice a John que Lasata era
“donde aprendí lo que significa sentir paz de verdad.”
JFK, amante del mar y de la navegación, comprendió la importancia emocional del lugar —aunque nunca lo vivió de primera mano.
El eco de Lasata después de la venta
Tras venderse en 1950, la mansión pasó silenciosamente a otros propietarios.
Pero Jackie siguió recordándola.
Una carta de adulta
En una ocasión, ya primera dama, escribió a un amigo de la familia diciendo que Lasata era “la casa donde sería feliz siendo niña para siempre”.
Un susurro nostálgico que revela lo que aquella finca representó realmente para ella.
Lasata hoy: más que una casa, un mito familiar
Quien entra en Lasata —hoy restaurada con sensibilidad impecable— puede sentir todavía la energía de aquella familia bulliciosa:
los paseos ecuestres, las visitas excéntricas, las tardes de piano, los rituales de etiqueta, las risas de dos niñas que jugaban a ser mayores.
Lasata sigue siendo, como su nombre indica, un lugar de paz,
pero también un archivo sentimental, vivo aún en las memorias que dejó en Jackie y en todos los que la conocieron.
Descubre más sobre la historia de East Hampton y el entorno que vio crecer a Jackie Kennedy en la colección de la East Hampton Historical Society.
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