Ena es la serie del momento, de la que todo el mundo habla estas ultimas semanas, pero, ¿Quién se esconde detrás de ese nombre? Hoy la conocemos:
Victoria Eugenia de Battenberg nació el 24 de octubre de 1887 en el castillo de Balmoral, en Escocia. Era nieta de la reina británica Reina Victoria, pero creció lejos de la pompa de la corte principal: su rama familiar (los Battenberg) era más discreta que la sede central de la realeza.
Desde niña vivió rodeada de protocolos, idiomas y expectativas victorianas, pero también con la conciencia de que su destino podría ser moldeado por alianzas familiares.
Infancia y juventud: educación, formación… y heridas invisibles
Como muchas jóvenes de su época y posición, Victoria Eugenia recibió educación privada y aprendió varios idiomas. Desde pequeña destacó por su gracia, su discreción y su sensibilidad.
Pero no todo fue glamuroso: la salud marcó su vida desde temprano. La enfermedad hereditaria de hemofilia, presente en su familia materna, condicionó muchas decisiones futuras, un problema que pesaría sobre su descendencia.
Aun así, Ena desarrolló un carácter amable, reservado, con fuerte inclinación hacia causas sociales y un deseo de marcar una diferencia.
Matrimonio con Alfonso XIII de España: una unión esperada y complicada
Un dato curioso es que Alfonso XIII le había puesto una condición a su madre, la reina María Cristina, y a su primer ministro, Antonio Maura, que ya había empezado a plantear el asunto del matrimonio del rey, aunque solo tenía 18 años: quería casarse por amor. Su primer intento, en 1905, fue con la princesa británica Patricia de Connaught, pero ella estaba enamorada de un conde y no quería ser reina. En ese mismo viaje a Londres, en un almuerzo organizado en su honor por el rey Eduardo VII, Alfonso XIII se fijó en una joven de pelo muy rubio y ojos muy azules.

Parece que fue un flechazo, porque ella también se fijó en él. Se trataba de Victoria Eugenia Julia Ena de Battenberg, la nieta favorita de la reina Victoria, hija de la princesa Beatriz del Reino Unido y ahijada de la emperatriz Eugenia de Montijo, que acababa de ser presentada en la Corte. Tenía lazos de sangre con la mayoría de las casas reales europeas. La petición de mano se celebró en Villa Mouriscot, en Biarritz. Luego los prometidos se vieron en la isla de Wight. El rey tenía 20 años y su prometida, 18. Una vez que Victoria Eugenia renunció a su fe anglicana para adoptar la católica, comenzaron los preparativos.

El destino convirtió a Ena en prometida de Alfonso XIII. Aunque el enlace tenía más de alianza estratégica que de romanticismo, muchos creyeron ver en ella la imagen de una reina moderna, elegante, capaz de unir dos casas reales.
Aceptó convertirse al catolicismo, requisito indispensable para casarse en España, un paso que tensó los lazos con su familia de origen. Y el día de su boda, su llegada a Madrid se vio marcada por un hecho dramático: hubo un atentado anarquista contra la comitiva nupcial mientras cruzaban la calle Mayor en el que fallecieron 28 personas e hirió a más de un centenar. Aun así, los novios sobrevivieron.

Se casaron en 1906, y ella comenzó su reinado como reina consorte, tratando de brillar con caridad, modernidad y sensibilidad social.
Vida en la corte: luces, sombras
Ena intentó ser una reina moderna: apoyó causas de salud pública, trabajó en proyectos sociales, y quiso acercarse al pueblo. Pero su matrimonio nunca fue sencillo. La hemofilia en su familia generó rechazo y desconfianza entre muchos miembros de la corte y de la aristocracia.
La relación con Alfonso XIII sufrió tensiones: la convivencia, la presión social, los rumores… todo creó una atmósfera difícil. La ilusión del principio se fue apagando, y con ella, la esperanza de una vida tranquila.
Su familia, sus hijos… y el exilio
Victoria Eugenia y Alfonso XIII tuvieron varios hijos. Pero la enfermedad hereditaria y los temores que provocaba, marcó su descendencia. La relación con su marido se deterioró con el tiempo, y la familia afrontó grandes crisis.
En 1931, con la proclamación de la República en España, la familia real se vio obligada a exiliarse. Para Ena, fue el fin de una etapa dolorosa, pero también el comienzo de otra: lejos de la formalidad, lejos del ruido, intentando reconstruir su vida con dignidad.
Exilio, madurez y sus últimos años
Durante los años de exilio, Victoria Eugenia vivió fuera de España, entre Europa y entornos más tranquilos. No recuperó su antiguo esplendor, ni volvió a ser reina, pero conservó su dignidad, su discreción y su elegancia.
Aunque su matrimonio se desvaneció y la distancia fue creciendo, Ena intentó mantener la esperanza en su papel de madre, mujer y figura circunspecta en un mundo que ya no pertenecía.
Su muerte y su legado: 15 de abril de 196
Victoria Eugenia murió el 15 de abril de 1969 en Lausana, Suiza. Tenía 81 años. Después de décadas viviendo en el silencio del exilio, sus restos fueron trasladados al Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial, el lugar donde descansan muchos reyes de España, cerrando un ciclo de luz y sombras, de sueños y resignación.
Hoy, gracias a la nueva serie de rtve, su historia vuelve a despertar interés. Y con razón: Ena fue una mujer de su tiempo, atrapada en las exigencias de la realeza, marcada por tragedias familiares, pero con un corazón noble, una sensibilidad real… y unas ganas enormes de servir.
Si quieres seguir conociendo personas fascinantes del pasado, te dejo a continuación algunos posts de esta sección, ¡te animo a leerlos!



